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 Mike Amigorena: retrato de un galán posmoderno

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cajuro

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MensajeTema: Mike Amigorena: retrato de un galán posmoderno   Sáb Jun 06, 2009 2:28 am

Mike Amigorena: retrato de un galán posmoderno
“Intento que la tele no me triture”



11-12-2008 / El Sr. Pells lo convirtió en famoso de un día para el otro. Pese al nuevo estatus, piensa seguir con el teatro off y su banda de música que, dice, lo limpian. Habló mal de Coppola, pero hoy está agradecido: “Ojalá con Tetro pueda trabajar en el exterior”. Confesiones del actor más exitoso de la pantalla chica.

Mike Amigorena: retrato de un galán posmoderno

Antes de transformarse en el exitoso Sr. Pells, fue boletero de picadas de autos, modelo, promotor con disfraz de molino, telemarketer, cadete, vendedor de AFJP y hasta hizo la publicidad de un audífono. Después vino lo de actor y cantante. Y ahora Mike Amigorena estrena nuevo título: famoso. “La fama es el resultado de una alucinación colectiva estimulada por el artista”, sentenció alguna vez el cantante Charles Aznavour. “El que dice que no le gusta la fama está loco”, diagnosticó Bennet Cerf, editor de la revista Esquire durante los años ’60. Algo de todo eso saborea por estos días el protagonista del programa más exitoso de la tevé: “Me divierte. Siento respeto, porque despierto misterio. Los que se me acercan no me quieren tocar el pelo, se quieren sacar una foto conmigo; y eso está buenísimo. Mientras más lo reprimís, es peor: tal vez no te pase nunca más en la vida”, relata hundido en una colchoneta inflable que es prácticamente lo único –más una silla– que hay en su camarín (“la uso para dormir siestas, aunque sean mínimas, de diez minutos”, confiesa).
Mike, que nació en Maipú, provincia de Mendoza, compara a la tele con la ciudad: seduce pero también vuelve loco. Admite que sus comienzos frente a cámaras no fueron muy felices. La posibilidad de decepcionar lo dejaba mudo: “Lo primero que hice fue un bolo en la novela Cara bonita, con Catherine Fulop, y no podía hablar de los nervios. No pude hacer algo bueno frente a las cámaras durante mucho tiempo. Era un queso”, admite. Cosa del pasado. Por estos días es el más carismático de la tevé. Como todo famoso reciente, ya lo etiquetaron: “Nuevo galán”. Un poco se ríe y otro tanto disfruta con que se lo trate como a un Arnaldo André posmoderno. “Soy un galán atípico. Tampoco soy un actor convencional. Soy un singular”, dice y, de pronto, retumba en el camarín la cortina musical de Los exitosos Pells. Es el ringtone del celular de Mike.
–Cuando leyó el guión, ¿imaginó que se le iba a venir encima semejante éxito?
–Estaba seguro de que era un buen material, pero el resultado nos sorprendió a todos. El programa prueba que si a la gente le das algo copado y diferente, va a engancharse. Para mí es como el súmmum. Significa haber cumplido un sueño que tenía desde hace mucho tiempo: puedo hacer mi humor y lograr que la gente se identifique y se divierta. Poder cultivar al público, además de entretenerlo, es el deber del artista. Y no se trata de una ficción pasatista que no te deja nada, el universo Pells es una gran metáfora.
–¿Cuál es la metáfora que propone?
–Todo lo que vos elegís viene acompañado de una cárcel. Y Pells muestra esa cosa dual.
–¿Le resulta posible, como intenta su personaje de Gonzalo, mantenerse honesto en el ambiente a veces hipócrita de la tele?
–En televisión no se puede estar limpio, pero el camino recorrido y tus valores logran que vos te metas en el barro y no te ensucies el plumaje, como una garza. La idea es que puedas disfrutar del trabajo en la pantalla chica sin perder la esencia propia. Si vos te quedás mucho tiempo adentro, la televisión te demuele. Intento cuidarme la cabeza para que la televisión no me triture.
–Las críticas hablan de la química que lograron con Carla Peterson. ¿En qué se basa esa conexión entre ustedes?
–La química se logra por obra del destino. Con Carla encajamos justo. Sentimos afinidad y lo que hacemos es jugar todo el tiempo. Ella es generosa como pocas. Un ejemplo. Me potencio al lado de Carla.
–¿Qué significó ganarle al imbatible de la pantalla chica actual: el show de Marcelo Tinelli?
–Hice tantas cosas que no midieron bien que ahora disfruto de este rating, más allá de que se le gane a Tinelli. Me encargo de disfrutar el momento. Todo esto suele ser tan efímero que no puedo jactarme. Estoy acostumbrado a hacer programas que no han pegado en la gente y se caían rápido. Con los Pells podemos mirar para adelante.
–Todo indicaba que para obtener buen rating había que mostrar chicas con poca ropa. ¿Qué cambió en los espectadores para que ahora sigan con tanto entusiasmo una ficción?
–Estaba seguro de que se podía hacer algo para cultivar a la gente. Pienso dedicarme siempre a eso. Podrá funcionar o no lo que haga, pero mi mandato es entretener y que el público se quede con algo.
–¿Cómo conjuga el éxito de rating con el teatro off?
–Pienso seguir trabajando un poco en la tele y otro poco en el teatro. De esa manera me limpio y también me voy enriqueciendo. Si hacés televisión todo el tiempo te entumecés. Y el teatro lo que hace es pulirte. El vaivén que hago entre el teatro y la tele es como lo que logro cuando voy a Mendoza: hago renovación interna y vuelvo a la ciudad para seguir metiéndome en el barro. Está bueno tomar distancia para lavarse.
–En Mendoza vivió rodeado de viñedos: ¿qué papel tiene el vino en su vida?
–El vino era tan normal para mí que era como el agua: de chico no me gustaba. Me gustó recién de grande, y por suerte el vino te espera. Más que rodeado por el vino crecí en medio de viñedos, baldío, tierra, solo, arriba de la bicicross, tuve una infancia muy silvestre.
–¿Y cómo se llevó con la ciudad apenas llegó a los 18 años?
–No fue un shock, porque llegué tan convencido de querer venir que las pasaba todas, pero con entereza. Salía y a las dos cuadras me perdía. Lo bueno es que tengo capacidad de adaptación. No me desbordo, me amoldo a las circunstancias.
Tailleur de azafata, remera sin mangas con chabot, ojos maquillados con purpurina y pelos volados y duros de tanto spray. Cuando Mike sale a escena con su banda Ambulancia es la antítesis del remilgado Martín Pells: una suerte de rockstar hipermoderno, un David Bowie de estas pampas que canta “Vení Raquel” en tono spinettiano o le pone swing a un tema de los Sex Pistols.
–Ambulancia tocó en la celebración por los 150 años de su Maipú natal: ¿cómo recibieron los vecinos a su faceta artística más extravagante?
–Fue fuerte. Significó un premio para mí, algo desbordante de gozo. Y a la vez estaban todos un poco shockeados por el show, por verme a mí de esa manera. Surgió mucho el comentario “miralo al Michael”, como quien dice: “¿Qué se hace con este pibe?”. Había un poco de esa actitud, pero estaban todos muy contentos: el gobernador, mis papás. Fue una experiencia inolvidable, difícil que me vuelva a pasar. Estaban la banda militar y Ambulancia juntos. Una cosa increíble.
–Aunque si hablamos de momentos bizarros en su carrera, seguramente rankee alto el casting que le tomó Francis Ford Coppola mientras comían en un bodegón porteño.
–Sí, fue lo más bizarro hasta ahora. Antes de que pasara eso, Coppola fue a verme al teatro cuando hacía El niño argentino. Me avisaron que estaba en la platea y lo que yo sabía de él era que había hecho El Padrino, nada más, no soy un cinéfilo. Hice la función para él, y en ningún momento me abataté. A las dos semanas me llamó para hacer el casting.
–Después comentó que había padecido el rodaje de Tetro. ¿Qué pasó para que se lanzara a hablar sin filtro?
–En ese momento estaba un poco desilusionado, no podía concebir ciertos malos manejos de la producción. Estamos hablando de Coppola, donde se suponía que no iba a haber error y ocurrieron unas desprolijidades tremendas. La pasé mal. Si me preguntan ahora está todo bien: fue una gran experiencia, el viejo divino. Pero en ese momento, era un caos. Y me fui de boca al hablar con los medios. Me salió como si se lo contara a un amigo mío y tuvo mucha repercusión. Pero fue legítimo. La conclusión: ahora está todo bien, estuve con él hace dos semanas, vi un par de escenas de la película y está buenísimo lo que filmó.
–¿Tetro se perfila como un pasaje para trabajar en el exterior?
–Ojalá me permita trabajar afuera. Algo me va a traer, seguro. Pero no planifico mi vida, entonces no hay desilusión. Pase lo que pase, lo acepto. Y si está bueno lo que pasa, mejor.

Arrow Fuente: Veintitres
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